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domingo, 1 de noviembre de 2026
La Leyenda de Lizzie Borden, La Parricida de Fall River
El nombre de Lizzie Borden se extendió por todo Estados Unidos en 1892 debido a una canción de autor anónimo que se popularizó entre los niños y cuyas rimas dicen:
Lizzie Borden took an axe,
And gave her mother forty whacks.
When she saw what she had done,
She gave her father forty-one”
Estas rimas, traducidas al español, quieren decir: “Lizzie Borden cogió un hacha / y a su madre dio 40 golpes / cuando vio lo que había hecho / le dio a su padre 41”.
Nacida en el año 1860 en Fall River, Massachusetts, Lizzie Borden fue la hija menor del matrimonio formado por Andrew Borden y Sarah Anthony. Sus hermanas mayores eran Emma y Alice, ésta última murió a los 22 meses de vida.
Andrew Borden, el padre, fue un hombre adinerado. Era exitoso en la fabricación de muebles y ataúdes, amasó una fortuna como promotor inmobiliario. También fue directivo de varias fábricas textiles y presidió el Union Savings Bank.
Pese a su fortuna, Andrew Borden era un hombre austero. Su vivienda ubicada en el número 92 de la calle segunda de Fall River y que aún está en pie, hoy funciona como un hostal y museo dedicado a Lizzie Borden, también carecía de fontanería interior, aunque podría habérselo permitido. Era una casa amplia y cómoda, pero alejada de la zona donde vivían las familias adineradas de la ciudad.
El rasgo distintivo de Lizzie Borden fue su crianza religiosa, ya que participaba activamente en las actividades de la Iglesia Congregacional Central de la ciudad e impartía clases de religión en la escuela dominical a los hijos de inmigrantes. Fue la secretaria y tesorera de la Christian Endeavor Society y participó regularmente en los actos de la Woman’s Christian Temperance Union. Esta actividad fue decisiva y salió a relucir más tarde en su juicio.
Todo se tuerce en su historia en el año 1863, cuando fallece su madre Sarah Anthony y tres años después, cuando Andrew Borden contrae matrimonio con Abby Durfee Gray. Las hermanas Emma Borden y Lizzie Borden nunca se llevaron bien con su madrastra Abby, a quien siempre llamaron “señora Borden”. Argumentaban que Abby se había casado con su padre por su dinero.
Rara vez comían con sus padres y se quejaban de que su progenitor brindaba ayuda económica a los familiares de su esposa, concretamente en bienes raíces, en desmerecimiento de su patrimonio. Las peleas se hacían tan intensas que las hermanas se tomaron en julio de 1892 unas vacaciones prolongadas en New Bedford y regresaron a Fall River una semana antes de los asesinatos.
Ese era el clima familiar el 4 de agosto de 1892 el día del crimen.
Para esa fecha la familia llevaba varios días enferma. Se le atribuyó a una carne de cordero que se había dejado en la cocina para consumirla durante varios días pero la madrastra de Lizzie comentó a conocidos de que había sido un envenenamiento.
La mañana del 4 de agosto de 1892, tras desayunar, Andrew Borden y un familiar que se estaba quedando esos días en la casa, John Vinnicum Morse, salieron a la calle cada uno por su cuenta. A la criada, Bridget “Maggie” Sullivan, se le encomendó que limpiara las ventanas exteriores de la casa.
Abby Borden subió al piso superior para hacer las camas entre las 9:00 y las 10:30 de la mañana. Según el forense, esas son las horas en las que Abby Borden fue asesinada. Recibió 40 hachazos, el primero de ellos en la cabeza.
A las 10:30 de las Andrew Borden regresó a casa. Al entrar le preguntó a Lizzie dónde estaba Abby Borden y Lizzie le respondió que había ido a visitar a una amiga enferma. Bridget Sullivan declaró que ayudó a Andrew Borden a quitarse las botas y le trajo sus pantuflas antes de que se recostara en el sofá a dormir una siesta pero las fotografías contradicen ese hecho ya que muestran al Señor Borden con botas. Sullivan se marchó a su habitación del tercer piso a descansar cuando a las 11:10 de la mañana oyó a Lizzie gritar: “¡Maggie, ven rápido! Papá ha muerto. Alguien ha entrado y lo ha matado”. Había recibido de 41 hachazos, al punto que su rostro era irreconocible.
La Policía llegó al lugar del crimen y Lizzie declaró que se encontraba fuera de la casa, en un cobertizo trasero y que no escuchó ningún ruido extraño. Los investigadores le preguntaron por su madrastra Abby y ella les contestó que Abby había recibido una nota de una amiga enferma pidiéndole que la visitara. Se le pidió a la criada Sullivan que la buscara en el segundo piso, para comprobar si había regresado, y allí es cuando se descubrió su cuerpo.
Desde el inicio, Lizzie despertó las sospechas de los investigadores. Sus reportes mencionaban que se encontraba tranquila y serena. En el sótano se encontró la cabeza de un hacha corta con el mango recientemente roto, cubierta con ceniza y polvo como para intentar dar la impresión de que llevaba tiempo sin usarse. También se encontró allí un cubo que contenía lo que parecían ser prendas de ropa manchados de sangre, pero Lizzie atribuyó el hecho a su menstruación, por lo que la Policía no las revisó.
En la audiencia cambió varias veces su versión de lo que había estado haciendo la mañana del crimen: dijo que se encontraba en la cocina leyendo una revista cuando su padre llegó a casa, para luego decir que estaba en el comedor planchando y más tarde, que estaba bajando las escaleras.
El 11 de agosto de 1892, se emitió una orden de arresto y Lizzie Borden fue encarcelada. Su detención atrajo una gran atención mediática en todo Estados Unidos, mientras un jurado investigador examinaba las pruebas. Lizzie Borden fue formalmente acusada del asesinato de su padre y su madrastra el 2 de diciembre de ese año.
El juicio comenzó el 5 de junio de 1893. La fiscalía no pudo demostrar que el hacha con el mango roto fuese el arma homicida. No se conservó la ropa manchada de sangre en el cubo y tampoco se pudo comprobar la ubicación exacta de Lizzie Borden dentro de la casa a la hora de los asesinatos.
Se supo también durante el juicio que Lizzie había comprado ácido cianhídrico diluido al farmacéutico local un día antes de los asesinatos, pero su defensa alegó que su intención era usarlo para limpiar sus abrigos de piel.
El jurado, compuesto totalmente por hombres, alcanzó su veredicto en apenas 40 minutos, proclamando la inocencia de Lizzie Borden. La conocida labor de Lizzie Borden en la iglesia local y su pertenencia a una familia apreciada en la ciudad hacían inconcebible, para aquel jurado, que una mujer con esas características pudiese cometer un crimen tan cruel.
Debido a que se dictaminó que Abby murió antes que Andrew Borden, la herencia pasó primero al marido y luego a sus hijas. Las hermanas Borden se mudaron a una casa grande y moderna en un barrio de mayor abolengo en Fall River.
En esa época empieza a usar el nombre de Lizbeth Alice Borden, pero pese a su absolución en el juicio, la alta sociedad de Fall River la excluye. En 1905, tras una discusión debido a una fiesta que Lizzie organizó para la actriz Nance O’Neil, su hermana Emma Borden se mudó de la casa y nunca más volvieron a tratarse.
En los últimos años de su vida, Lizzie Borden se alejó de la iglesia. Murió de una neumonía el 1 de junio de 1927. Tenía 66 años. El funeral no fue anunciado en la prensa y acudieron pocas personas a su sepelio. Su hermana Emma murió nueve días después, en una residencia para ancianos en Newmarket, New Hampshire. Lizzie y Emma fueron sepultadas en la parcela familiar de la familia Borden en el cementerio Oak Grove en Fall River. Dejaron una fortuna en bienes raíces, acciones de empresas, dos automóviles y joyas.
Ese final solitario no impidió que su nombre permaneciese vivo en la cultura popular. La rima popular mantuvo fresco el nombre de Lizzie Borden. Obras de teatro, cuentos y canciones perpetuaron su recuerdo. Hollywood explotó la historia como un cuento de terror. Entre las adaptaciones televisivas notables están las miniseries “The Legend of Lizzie Borden” (1975), protagonizada por Elizabeth Montgomery (“Bewitched”), y “The Lizzie Borden Chronicles” (2015), con Christina Ricci. Una película, “Lizzie” (2018), protagonizado por Chloë Sevigny como Borden y Kristen Stewart como Bridget “Maggie” Sullivan, propone que hubo una relación lésbica entre ambos personajes que sirvió como detonante de los asesinatos.
Absuelta por un jurado, pero atada en la imaginación de muchos a la etiqueta de “la loca del hacha”, Lizzie Borden pervive en el centro de un macabro misterio que sigue asustando a la gente más de un siglo después.
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