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domingo, 30 de agosto de 2026

El Crímen de los Novios de Jaén, Impunidad Absoluta

El brutal asesinato de dos jóvenes veinteañeros, Ana María Torres Castillo de 19 años y de Óscar Arroyo Cámara de 21 años , cuando se toparon con una brutal y trágica muerte en el Camino de Las Cuevas, un paraje cercano a Jaén. Un pastor encontró el cadáver del joven Óscar Arroyo Cámara. Estaba desnudo en el interior de su coche y presentaba dos disparos de escopeta. 48 horas después, se halló el cuerpo sin vida de su novia a unos 200 metros. Estaba vestida y tenía un disparo en el cuello que le habían dado por la espalda. También la habían violado y agredido sexualmente siendo estrangulada por al menos dos personas. El doble asesinato conmocionó a Jaén y todavía hoy, sigue levantando tristes interrogantes, se caracterizó por una sinuosa instrucción y una actuación policial en entredicho. Como dicen algunos de los protagonistas, la investigación del caso nació “torcida”. Tanto el arma homicida como los cartuchos nunca han aparecido. La Policía encargó el caso a 12 agentes, que tomaron declaración a familiares y amigos de los jóvenes así como a los propietarios de las fincas cercanas al lugar de los hechos. También se hizo un llamamiento público para que compareciese la dueña de unos zapatos encontrados en la escena del crimen. Los investigadores sospechaban que esta mujer presenció los asesinatos y perdió los zapatos huyendo del lugar. Se indagó en zapaterías y mercadillos, sin éxito, y esta pista no condujo a nada. En total, fueron interrogadas 400 personas y se investigó el paradero de 4.000 vehículos, ya que en el lugar del doble crimen había huellas de cinco automóviles. La Policía hizo un llamamiento desesperado a la colaboración ciudadana, que tampoco sirvió de mucho.
En mayo de 1994, misma fecha en la que la ciudad de Almendralejo, Badajoz, sufría el horrendo asesinato de la joven Maite Santos de 20 años, la Audiencia de Jaén archivó el sumario sin haber logrado esclarecer el suceso. En febrero de 1995 el caso dió un vuelco con el testimonio de Benito Collado, un mendigo que dice haber presenciado los hechos y que denunció a dos delincuentes comunes, Juan Domingo León y José Miguel Núñez, tío y sobrino, como responsables. Collado también aseguró que ambos estuvieron alardeando de los asesinatos. Los dos sospechosos fueron inmediatamente detenidos en su cortijo, La Casimira, muy próximo al lugar donde se habían perpetrado los asesinatos.
La prueba de ADN reveló una elevada coincidencia genética entre el acusado José Miguel Núñez y dos cabellos encontrados en las ropas de Ana María Torres pero, para asombro de propios y extraños, el resultado de las pruebas biológicas realizadas en la cátedra de Medicina Legal de Granada se traspapela y llega al juzgado con una demora inaceptable. Para colmo de males, cuando el magistrado instructor pide a la Policía la serie de fotografías tomadas en la escena del crimen, éstos responden que la cámara que llevaban no tenía carrete y, por tanto, no disponen de ninguna imagen. Las huellas dactilares tomadas por la Policía Científica tampoco presentaban una fiabilidad técnica suficiente como para ser consideradas pruebas y fueron desestimadas. Sólo quedaba el testimonio de Benito Collado y con estos mimbres, finalmente, el 15 de enero de 1997 comenzaba el juicio oral.
El fiscal pedía 96 años de cárcel para cada uno de los acusados, mientras que la acusación particular reclamaba 98 años. Los detenidos José Miguel Núñez y Juan Domingo León, estaban acusados, cada uno, de dos delitos de homicidio, dos delitos de violación, uno de detención ilegal y otro de tenencia ilícita de armas. Las defensas solicitaban la absolución al entender que no existían pruebas concluyentes. Los acusados reclamaron su inocencia y dijeron que la Policía había pagado al testigo Benito Collado para que les delatase. Ambos explicaron que se encontraban en otros lugares la noche de los asesinatos. Entre el centenar de testigos que declararon se encontraba el propio Benito Collado, una persona con un bajo nivel cultural, que incluso tenía problemas para entender al juez y que incurrió en numerosas contradicciones a lo largo de su testimonio judicial. Finalmente, el 17 de enero de 1997, la Audiencia de Jaén absolvía a Núñez y León por falta de pruebas. Las familias de los novios asesinados mostraron su indignación por el fallo y señalaron que las contradicciones del testigo obedecían a que había sido amenazado de muerte por uno de los acusados y al hostigamiento sufrido mediante un interrogatorio plagado de vocablos técnico-judiciales. Esa misma noche, los dos acusados abandonaban la prisión de Jaén. En febrero de 1998, el Tribunal Supremo obligaba a repetir el juicio tras admitir los recursos de la Fiscalía y la acusación particular. El Supremo también ordenaba que se admitiesen como pruebas las 60 cintas con conversaciones entre los dos acusados grabadas legalmente por la Policía en la celda que ambos ocupaban en la cárcel. En ellas se escucha a Juan Domingo León decir “tenemos que ir a por esas armas, las que tú sabes” o “¿qué te ha hecho esa gente para matarlos?”. Sin embargo, a lo largo de la nueva vista los testigos también incurrieron en contradicciones y se les hacía difícil recordar hechos acaecidos 6 años antes. El mendigo Benito Collado se reafirmó en que había visto a los dos sospechosos, armados con un cuchillo y una escopeta, la noche de autos, y que tenían retenida a la joven que luego apareció asesinada.
En julio de 1999, la Audiencia de Jaén absolvía, por segunda vez, a los dos acusados por falta de pruebas, en una sentencia que no consideraba las grabaciones como pruebas determinantes, debido a su mala calidad de audio y a lo ininteligible de algunos fragmentos. El fallo también decía que el mendigo Collado no gozaba de absoluta y total credibilidad. El caso fue archivado definitivamente por el Tribunal Supremo en 2001 al cumplirse el tiempo legal para su prescripción.

domingo, 9 de agosto de 2026

El Secuestro y Crímen del Bebé de Charles Lindbergh, Caso Pionero en Biología Forense

La vida del bebé Charles Augustus Lindbergh Jr fue breve, apenas dos años , sin embargo, su nombre ha sido pronunciado en millones de ocasiones desde aquel 1 de marzo de 1932 en el que fue secuestrado de la cuna en la que dormía. La relevancia pública de su muerte vino dada por la fama de su padre, Charles Lindbergh, quien en 1927 se había convertido en uno de los hombres más conocidos del mundo ― y un orgullo nacional para los estadounidenses , tras cruzar el Océano Atlántico en un vuelo de treinta y tres horas que enlazaría Nueva York y París. Aquel logro, que se había llevado la vida de otros que lo intentaron antes que él, fue una proeza que abrió camino a la aviación comercial, le valió ser el ganador de los veinticinco mil dólares del premio Orteig , una fortuna en aquellos años , y le aseguró un lugar en las páginas de la Historia. Y lo había logrado a los veinticinco años.
Charles Lindbergh era un ejemplo a seguir, aquello que los grandes estudios de Hollywood buscaban: valiente, guapo, discreto, el galán soñado por las jovencitas y admirado por los hombres. En la gira por todo el país que siguió a su regreso a Estados Unidos, Charles Lindbergh fue aclamado por una multitud que pugnaba por verle. El viaje continuó por América del Sur y América Central, y fue allí donde conoció a quien se convertiría en su esposa, Anne, la hija de Dwight Morrow, embajador de Estados Unidos en México. Anne Morrow parecía la compañera perfecta para el famoso aviador. Era bonita, de aspecto frágil, pero tan aventurera como su marido, y se convirtió en la primera mujer en los Estados Unidos en conseguir una licencia de piloto.
Y todo parecía perfecto hasta que llegó la noche del 1 de marzo de 1932. Aquel día, la familia estaba en su segunda residencia, en Opewell, Nueva Jersey. Hacia las siete y media de la tarde, la niñera de Charles Lindbergh Jr., Betty Gow, acostó al niño en su cuna. Acostumbraba a sujetarle con unas bridas para asegurarse de que el niño no se caía de la cuna durante la noche. Hacia las diez de la noche, regresó al dormitorio y descubrió que el niño había desaparecido. Alarmada, preguntó a su madre Anna, que acababa de salir del cuarto de baño, pero no estaba con ella. Se dirigió después a la planta baja en busca de Charles Lindbergh. El niño tampoco estaba con él. Alarmados, subieron a la habitación del niño, y encontraron que, salvo por la ausencia de este, todo parecía normal. Registraron la casa sin hallarlo, y subieron de nuevo al dormitorio. Fue durante esta segunda visita cuando Charles Lindbergh halló una nota en el alféizar de la ventana escrita a mano con una letra temblorosa, de alguien poco acostumbrado a escribir, era una nota de rescate.
“Tenga listos 50.000 $, 25.000 $ en billetes de 20, 15.000 en billetes de 10, y 10.000 $ en billetes de 5. En 2, 4 días, le informaremos de cómo entregar el dinero. Le advertimos que no haga público esto ni notifique a la policía. El niño está siendo bien atendido. Las cartas serán firmadas con tres agujeros”. Al final de la carta aparecían dos círculos que se cruzaban, y un tercero, pintado de color rojo, en el interior. El autor había dibujado dos puntos a derecha e izquierda de los círculos, y un tercero en la zona en que se cruzaban, además de dos líneas verticales en su interior. Charles Lindbergh no hizo caso a la nota, y la policía se involucró desde el primer momento. Su fama era tan grande que la noticia llegó a todo el mundo, y todos aquellos que podían quisieron participar en los hechos siguientes. Incluso el gángster Al Capone, que en aquel entonces vivía sus días en prisión ofreció su ayuda para dar con los secuestradores. Por su parte, Evelyn Walsh McLean, la heredera de un minero que se había convertido en millonario, y casada con el también millonario John Mclean, propietario del periódico Washington Post, entregó cien mil dólares por una pista que, supuestamente, permitiría localizar al niño y que terminó por convertir a la propietaria del famosísimo diamante Hope en víctima de los ardides de Gaston Means, un antiguo agente de la Oficina de Investigación que se jactaba de haber sido acusado de todos los delitos tipificados en el Código Penal. La investigación del secuestro caía dentro de la jurisdicción de la policía de Nueva Jersey, pero el fiscal general de los Estados Unidos, William D. Mitchell, tomó cartas en el asunto y anunció que el departamento de Justicia se ponía a disposición de la policía estatal para colaborar en la investigación.
El 5 de marzo de 1932 la familia Lindbergh recibió una nueva carta de los secuestradores, también identificada con el símbolo de círculos, puntos y líneas verticales, en la que se informaba de que el niño estaba bien atendido y se pedía que la policía no interfiriese en el caso. Surgió en este punto una figura curiosa, la de John F. Condon, un maestro jubilado de 72 años que había publicado un anuncio en el Bronx Home News en el que se ofrecía como intermediario entre la familia y los secuestradores. En su escrito, Condon ofrecía mil dólares de su bolsillo al rescate inicial. Tal propuesta fue objeto de una investigación inmediata por parte de las autoridades, pero también fue aceptada por Charles Lindbergh y, mediante una carta posterior, también por los secuestradores. Se sucedieron las cartas entre la familia y los captores de su hijo, que desembocaron en una reunión en el cementerio Woodlawn, en el Bronx, entre John F. Condon y uno de los secuestradores al que se conocería como “Cemetery John”. Durante esa reunión, “Cemetery John” aseguró que el niño estaba bien, y que él formaba parte de una banda integrada por tres hombres y dos mujeres. Condon solicitó una prueba de que lo que decía era cierto y que, en verdad, tenían al niño. Como consecuencia de este encuentro, el 16 de marzo de 1932, Condon recibió por correo el pijama del niño, que fue identificado por los Lindbergh. Entonces, Condon publicó un anuncio en la sección de clasificados del New York American que decía: “El dinero está listo. No hay policías. No hay servicio secreto. Vengo solo, como la última vez”. El dinero del rescate, en forma de certificados de oro, menos volátiles que la divisa nacional, fue introducido en una caja de madera que había sido construida para la ocasión con el objetivo de que pudiera ser identificada en el futuro. También se registraron los números de serie para seguirles la pista. El dinero fue entregado, y a cambio, Condon recibió una nota de los secuestradores en la que se indicaba la localización del niño. Pero el niño no apareció. Lo hizo el 12 de mayo de 1932, dos meses y medio después de haber sido secuestrado, cuando Orville Wilson, quien conducía un camión de reparto con su compañero, William Allen, se detuvo en el arcén de la carretera, a pocos kilómetros de la casa de los Lindbergh, en busca de un lugar para orinar. Al adentrarse en el bosque halló el cadáver de un niño a medio enterrar. Tenía el cráneo aplastado y marcas de mordeduras de alimañas. Fue la niñera, Betty Gow, quien identificó el cuerpo gracias a los dedos montados de los pies. No se practicó la autopsia, y el cadáver fue inmediatamente incinerado a petición de Charles Lindbergh, quien después emprendió un vuelo en su aeroplano para esparcir las cenizas en el Océano Atlántico. La investigación policial continuó, aún con más furia del pueblo americano tras el macabro final del bebé. Condon fue investigado, se sospechaba que había estado involucrado en el secuestro, y se prometió a sí mismo que descubriría a los culpables, algo que nunca logró. De “Cemetery John” nada se sabía, y sólo se podía esperar que los certificados de oro fuesen apareciendo. Y eso es lo que ocurrió. Los números de serie de los certificados se hicieron públicos con la esperanza de que alguien los identificase. Debían ser canjeados por dólares antes del 1 de mayo de 1933, y aquello suponía una oportunidad para su seguimiento. Poco antes de la fecha límite, alguien canjeó certificados por importe de 2.980 dólares en un banco de Manhattan. Lo hizo con el nombre de J. J. Faulkner, con domicilio en el 537 oeste de la calle 149. Cuando la policía investigó el hecho, descubrieron que nadie llamado Faulkner vivía allí, aunque sí lo había hecho, veinte años atrás, una mujer llamada Jane que nada sabía de la operación de cambio de moneda. Algunos certificados fueron localizados entre el Bronx y Manhattan, y fue en esta zona donde el 18 de septiembre de 1934 un cajero de un banco de Manhattan identificó uno de ellos y lo comunicó a la policía. En uno de los márgenes del billete alguien había escrito un número de matrícula: 4U-13-41-NY. Había sido el gerente de una gasolinera cercana quien había canjeado el certificado, y cuando fue interrogado por la policía, indicó que se lo había dado un tipo que había comprado un galón de gasolina. Le había parecido sospechoso, y por ese motivo, creyendo que, tal vez, el certificado pudiese ser falso, tomó la precaución de anotar el número de matrícula de su vehículo. La policía siguió la pista, que les condujo hasta el domicilio de Bruno Richard Hauptmann, un inmigrante alemán de 35 años. Cuando registraron su casa, según se confirmó durante el juicio posterior, la policía halló en el garaje 14 mil dólares en certificados de oro, un papel con el nombre y el número de teléfono de John F. Condon, y un trozo de madera que se correspondía con la que se había utilizado en la construcción de la escalera con la que el asesino había subido hasta la habitación del niño y que se había encontrado en unos arbustos cercanos. El culpable había sido capturado.
Bruno Richard Hauptmann, nacido en el estado de Sajonia, Alemania, el 26 de noviembre de 1899 era un carpintero que había servido en el ejército de su país durante la primera guerra mundial y que había llegado a los Estados Unidos en noviembre de 1933 ocultándose a bordo del buque SS George Washington. Antes de conseguirlo, lo había intentado en otras dos ocasiones, siempre a bordo del mismo buque, y en ambas oportunidades había sido localizado y devuelto a su país. Al terminar la primera guerra mundial, y sin otro medio para sobrevivir, Bruno Richard Hauptmann se sumergió en el mundo de la delincuencia. Su delito era el robo, tanto en viviendas particulares como en oficinas bancarias, y no tardó en ser capturado, juzgado y sentenciado a cinco años de prisión de los que cumplió cuatro. Al salir, reincidió y fue encarcelado de nuevo, aunque logró huir. Al llegar a Estados Unidos trabajó en lo que podía encontrar, principalmente como carpintero. Vivía con su mujer, Anna Schoeffer, y el hijo de ambos, en el barrio del Bronx, donde había circulado algunos de los certificados de oro registrados en el pago del rescate. Hauptmann mantuvo su inocencia. Aseguró que el dinero que la policía había hallado en su casa, dentro de una caja de zapatos, era de un amigo llamado Isidor Fisch que había regresado a Alemania, donde había fallecido el 29 de marzo de 1934. Según Hauptmann, Fisch le debía siete mil quinientos dólares, y cuando halló el dinero, decidió quedárselos. Fue metido en la prisión del condado de Hunterdon, en Flemington, Nueva Jersey, el 19 de octubre de 1932, a la espera del juicio, que fue presidido por el juez Thomas Whitaker Trenchard. El fiscal general de Nueva Jersey, David T. Willentz, dirigió la acusación; y la defensa corrió a cargo de Edward J. Reilly, cuyos honorarios fueron pagados por el New York Daily Mirror, que había llegado a un acuerdo con Hauptmann en base al cual le conseguirían una buena defensa a cambio de su historia.
El juicio del siglo, como fue denominado por muchos, llenó las portadas de los periódicos del país. A las puertas del juzgado se congregaban multitudes que algunos aprovecharon para hacer negocio. Se vendían réplicas a escala de la escalera utilizada en el secuestro y falsos mechones de cabello del niño. La defensa insistió en que todas las pruebas que acusaban a Bruno Richard Hauptmann eran circunstanciales, pero la opinión pública y la del jurado coincidieron: Bruno Richard Hauptmann fue hallado culpable. La sentencia fue la muerte por electrocución, que se llevó a cabo el 3 de abril de 1936 ante cincuenta testigos. El matrimonio Lindbergh fue invitado a presenciar la ejecución, pero decidieron no asistir y trasladarse a Europa. Su última cena fue pollo asado con patatas, apio, aceitunas y guisantes; de postre, pastel de cereza. Hacia el final se le ofreció conmutar la pena de muerte a cambio de la confesión de su participación en el crimen, pero Hauptmann se negó y continuó declarándose inocente.
Con el tiempo se descubrió que buena parte de las pruebas utilizadas en el juicio habían sido “plantadas”. El trozo de madera hallado en su casa y que, según el experto de la fiscalía se correspondía con la utilizada en la construcción de la escalera, había sido dejado por la policía; un periodista confesó que había escondido en el armario de Hauptmann la nota con el nombre y el número de teléfono de John F. Condon; y el testigo que afirmaba haber visto a Hauptmann en los alrededores de la casa de los Lindbergh la noche del secuestro, era casi ciego. Surgieron entonces teorías que involucraban a Charles Lindbergh en la muerte de su hijo. Según algunos testimonios, una semana antes del secuestro, había dicho a unos amigos que su hijo pequeño había sido secuestrado, para decir después que todo había sido una broma. La teoría era que Lindbergh había querido gastar una nueva broma, había sacado a su hijo a través de la ventana, el niño se había caído accidentalmente, y había muerto. Charles Lindbergh y su esposa Anne Morrow se instalaron en Europa, donde el piloto se acercó al régimen nazi, hasta el punto de que Hermann Goering le entregó la Orden alemana del Águila. Ella se convirtió en una escritora de éxito y él ocupó varios cargos oficiales relacionados con la aviación militar y civil. También le dio tiempo a mantener tres matrimonios en secreto, aunque esa es otra historia diferente. La de Charles Augustus Lindbergh Jr., es una historia triste, con un final dramático, demasiado breve y con lagunas. Hoy quedan preguntas que responder y el recuerdo de lo que para muchos es uno de los grandes enigmas criminales del siglo XX. La madera de la escalera Uno de los expertos citados por la fiscalía fue Arthur Koehler, experto en anatomía e identificación de madera en el Laboratorio de Productos del Bosque del Servicio Forestal de EE.UU. de Madison, Wisconsin. Lo necesitaban, pues una de las primeras pistas que encontró la policía cerca del perímetro del hogar de los Lindbergh fueron tres piezas de una escalera, bien diseñada pero toscamente construida. El tipo de evidencia que Koehler iba a presentar era muy inusual, había muy poco precedente, y no era seguro que la fueran a aceptar: el experto iba a hablar de la estructura de la madera que había sido usada para hacer la escalera. "No hay tal cosa entre los hombres como un experto en madera", alegó la defensa. "No es una ciencia reconocida por los tribunales; no está al nivel de los expertos en grafología, o en huellas digitales, o balísticos... El testigo probablemente puede testificar como un carpintero experimentado o algo así... pero cuando se trata de expresar una opinión como experto o como científico, eso es muy distinto", continuó, concluyendo que la opinión del jurado en ese tema tenía el mismo peso que la de Koehler. No obstante, el juez respondió: "Considero a este testigo calificado como experto", marcando un momento histórico para la ciencia ahora conocida como biología forense. Koehler demostró que la madera de la escalera, más allá de cualquier duda fundada, vinculaba a Hauptmann directamente con el delito.
Hoy en día, la botánica es parte importante en las investigaciones. Y hay algunas plantas que son particularmente útiles. "Las moras crecen a menudo en lugares en los que hay personas que hacen cosas malas a otras. Se encuentran en las márgenes de las vías públicas o en zonas industriales, por ejemplo", le explica a la BBC Mark Spencer, encargado de la biblioteca de plantas del Museo de Historia Natural en Londres. Trabaja como investigador forense. Como tal, aprovecha sus conocimientos sobre las moras, ortigas y otras plantas en las pesquisas de delitos graves. "Si se deja un cuerpo en el suelo o enterrado, y no es descubierto durante meses o hasta años, la vegetación volverá a crecer", señala. En ese caso, el distintivo patrón de crecimiento de las moras ayuda a establecer cuánto tiempo han estado los restos humanos en la escena del crimen. Las ortigas también son excelentes para dar pistas. Su ritmo de crecimiento y estructura radicular son regulares, lo que le da a los investigadores un marco en el cual basar sus estimados del momento de fallecimiento. El polen puede contar una historia. Si se encuentra en el pelo, la ropa o la piel de las víctimas da una indicación de un hábitat o área y así los investigadores pueden deducir si su cuerpo fue movido o si el crimen tuvo lugar en donde fue encontrado, por ejemplo. Saber el orden en el que distintas plantas se establecen es valioso cuando se buscan tumbas escondidas. El suelo perturbado es colonizado rápidamente por especies pioneras y después, por una sucesión de otras. Un pedazo de bosque en el que prevalecen las especies pioneras indica que algo sucedió hace poco, y los patrones de rebrote pueden ser identificados muchos años después del evento. ... y el ADN, otro hito Casi 60 años después de que el juez del caso del hijo de Lindbergh considerara válido el testimonio de un experto en madera, una muerte introdujo la biología forense en los tribunales. El icónico caso tuvo lugar en el año 1993, en los primeros días de la tecnología del ADN. El cadáver de una mujer fue encontrado en el desierto de Arizona, en un lugar rodeado de árboles paloverde. Uno de ellos tenía huellas de una colisión reciente. Al examinar la camioneta del sospechoso, se encontraron dos vainas de semillas de paloverde, y el análisis del ADN de éstas, del árbol dañado y de otros 29 árboles confirmó fuera de toda duda que las vainas eran del árbol dañado. Eso vinculó al vehículo con el lugar del asesinato. En el juicio subsecuente, esta información se convirtió en la primera evidencia botánica molecular aceptada por un tribunal en la historia, y ayudó a condenar al sospechoso por asesinato.

lunes, 6 de julio de 2026

Elisa Abruñedo, Investigación de un Crímen, El Poder del ADN

Roger Serafín Rodríguez Vázquez se creyó impune porque siguió cazando en el monte y trabajando en el astillero y conviviendo con su familia en un barrio de Narón (A Coruña). Sin llamar la atención y sin expiar su crimen. Su pelo rojo le delató, el gen MC1R, receptor de la melanocortina y el que determina el color fuego del cabello, estaba presente en los restos de saliva y de semen que dejó en la escena del crimen el dia 1 de septiembre del 2013. Su huella biológica indeleble y ese mismo gen sentó a Roger Serafín Rodríguez Vázquez en el banquillo de los acusados de la Audiencia provincial de A Coruña, trece años después, como autor confeso del asesinato de María Elisa Abruñedo.
La jueza de Instrucción número 2 de Ferrol dió por terminada su parte y la remitió a la Audiencia provincial, que echó a rodar la maquinaria de la Ley del Jurado para preparar el juicio, exponiendo desde el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia. La Fiscalía solicitó 32 años de prisión por asesinato y agresión sexual. Está en la cárcel de Mansilla de las Mulas (León) desde su detención, en octubre del 2023. Una noche en el calabozo bastó para que confesara el crimen y su procacidad sexual. Poco después, su entonces pareja también lo denunció por violación y malos tratos en el mismo juzgado, que sobreseyó el caso. El crímen de Elisa Abruñedo, ella era una mujer a la que supuestamente el asesino no conocía. Una vecina de Cabanas de 46 años, esposa y madre de familia, salió a caminar una tarde de domingo como tantas otras por los alrededores de su casa en Lavandeira y se cruzó con un depredador sexual. Era el 1 de septiembre del 2013.
Roger Serafín Rodríguez Vázquez venía de cazar en su viejo Citröen ZX gris. La sorprendió por la espalda desde unos matorrales y la asaltó imponiendo su corpulencia física contra una mujer menuda que no pudo ni siquiera defenderse. La arrastró 20 metros por el monte para violarla en un pinar escarpado. Ni muy lejos de la pista de tierra donde detuvo el coche. Lo suficiente para que nadie lo viera, aunque dejó un error. Después la acuchilló repetidas veces con uno de los utensilios para desollar jabalís y corzos. Le perforó el pulmón y le seccionó el cuello. La mujer murió desangrada a escasos 150 metros de su casa, donde su vecino Delfín, el último que la vio con vida, la encontró al día siguiente entre la maleza, tal y como él mismo relató.
Fue un crimen impulsivo, salvaje y descarnado. “Hay violadores que pasan a ser homicidas en un intento de no ser descubiertos”. Durante una década, los investigadores y el grupo de Delitos contra las Personas de la Guardia Civil de A Coruña se aferraron a la pista más fiable que tenían ,los restos biológicos, para estrechar el cerco y fueron tirando del hilo para escalar los alelos de la cadena genómica para completar el perfil y encajar el puzzle de indicios y pruebas ,el coche CitroënZX que vio un testigo y las batidas de caza, que lo señalaban. Por el ADN, sabían que era un varón europeo de piel blanca, ojos oscuros y pelo intensamente rojo.
Un forense del Instituto Luis Concheiro de Santiago de Compostela dio con la tecla del gen ADN MC1R y a partir de ahí, se fueron haciendo cribados genéticos y bucearon entre los 10.000 libros del Archivo Histórico Diocesano de Mondoñedo, donde el reverendo Félix Villares custodia miles y miles de partidas de nacimiento, matrimonio y defunción, para hilvanar sagas familiares desde el siglo XVII, descartar sospechosos y afinar la búsqueda entre un puñado de familias de Valdoviño, al norte de Ferrol, donde hallaron un nexo genético familiar en un pariente lejano que accedió a someterse a una prueba voluntaria en el año 2021.
Ser pelirrojo depende de la mutación de un gen recesivo en el par 16 de la cadena cromosómica que además tiene que transmitirse por dos vías: materna y paterna. La búsqueda se complicó en Galicia, donde hay mayor incidencia de pelirrojos que en el resto del Estado por la herencia de las migraciones atlánticas al Norte de Europa.
Se dió caza al cazador y dar con el asesino pelirrojo fue un trabajo laborioso de muchos años puerta a puerta, revisando archivos y esperando los resultados del laboratorio, explicó Marcos Guterres, el sargento al frente de un equipo que tenía la paciencia y la experiencia de haber resuelto los casos de Asunta Basterra y de Diana Quer. Descendiendo por el árbol genealógico, un día llegaron hasta Roger Serafín Rodríguez Vázquez.
Las piezas encajaron, era cazador, propietario de un Citroën ZX y un tipo “gris y anodino” que no daba pistas en los seguimientos y rutinas que le realizaron.
Su ADN lo dijo todo. Era el asesino. Lo arrestaron el 17 de octubre del 2023 en su puesto de trabajo de Narón y en cuestión de horas se derrumbó y confesó. 28 años de cárcel sin posibilidad de condicional le ajusticiará.

martes, 9 de junio de 2026

Margarita Galaz, La Curandera Asesina de la Secta Hameriana

Fabiola Lorena Vega Espinoza falleció en el año 2024 a los 52 años en Chile, por “insuficiencia respiratoria aguda causada por cáncer de mama”. Desde la aparición de los primeros síntomas, Espinoza recurría a Margarita Galaz,una curandera de la comunidad hameriana con quien había compartido años atrás estudios universitarios. Las demandantes, sus hermanas, acusan a Margarita Galaz de hacerle manipular para “determinarla a considerar que la causa de su cáncer de mama era, precisamente su familia”. Además, especifican que fue “por expresa indicación de Galaz, que Fabiola no trató su enfermedad” y tienen la certeza de que “si se hubiese seguido el tratamiento médico, hoy estaría viva”. Investigada Margarita Galaz dice que, en caso de tener que defenderse, “lo apropiado sería hacerlo por las vías legales”. Aclaró que no lo hará a través de los medios de comunicación ni las redes sociales “donde solo se busca publicidad sin considerar las consecuencias ni el daño a terceros”. Aun así, la ‘curandera hameriana’ sí que se ha pronunciado en sus redes sociales, sin explicitar a qué se refiere.
En sus canales, Margarita Galaz se presenta como fundadora de la ‘Comunidad Hameriana’. Una corriente de pseudomedicina que utiliza las teorías infundadas de Ryke Geerd Hamer, un médico alemán que fue condenado en el año 1997 por realizar el ejercicio ilegal de la medicina. Desde su domicilio en Sevilla, Galaz comercializa cursos y asesorías personali
zadas en línea, con la promesa de ayudar a los pacientes a “superar” sus enfermedades. Sus “terapias” se centran en negar la existencia del cáncer, adoctrinar de forma sectaria: “Aunque se siga invirtiendo más dinero, nunca se encontrará la cura del cáncer en la medicina convencional porque además, en cierto modo, tampoco existe”, dice en uno de sus posts. Es más, aterroriza a sus pacientes con la idea de que recibir un tratamiento médico podría acabar con su vida y asegura que en realidad, el origen de los tumores es el conflicto emocional y familiar. Esa es la excusa que ella utiliza para recomendar a sus pacientes a que se alejen de sus allegados. Margarita Galaz usa múltiples plataformas digitales para difundir esta teoría y comercializar sus servicios. Existen siete canales de Telegram en español dedicados a promover los métodos de la Nueva Medicina Germánica (la corriente pseudomédica de Hammer) con más de 6.800 suscriptores en el conjunto. La cuenta de Instagram de la Comunidad Hameriana, liderada por Galaz, cuenta con más de 2.700 seguidores. Además ha creado su propia “red social”, una web de acceso restringido mediante suscripción mensual, y dirige un pódcast donde se amplifica su mensaje.
En teoría en España este tipo de promoción está fuertemente prohibida. El artículo 4 del Real Decreto 1907/1996, sobre publicidad y promoción comercial de productos y servicios con una supuesta finalidad sanitaria, prohíbe expresamente la publicidad de productos o tratamientos “que se destinen a la prevención, tratamiento o curación de enfermedades transmisibles, cáncer y otras enfermedades tumorales, insomnio, diabetes y otras enfermedades del metabolismo”. Sin embargo, hasta la denuncia interpuesta por RedUNE (la Red de Prevención del Sectarismo y el Abuso de Debilidad), las actividades de Margarita Galaz pasaban desapercibidas para el Ministerio de Sanidad.
Fernando Frías, abogado experto en pseudoterapias, explicó que para que una página web gestionada así por Galaz pueda ser cerrada en España, deben encontrarse en ella contenidos que supongan un peligro para la salud. En esos casos, corresponde al Ministerio de Sanidad abrir un expediente administrativo y solicitar a un juez la autorización para el bloqueo, en virtud del artículo 8.1. de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información. Sin embargo, el Ministerio no podría ordenar directamente el cierre porque este es uno de los casos en los que el Tribunal Supremo considera que hay un conflicto entre la protección de la salud y la libertad de expresión, por lo que es imprescindible la intervención judicial. Fabiola, era una mujer chilena diagnosticada con un cáncer y falleció tras rechazar el tratamiento médico tradicional porque fue influenciada por los postulados de la llamada "nueva medicina germánica", promovida por Margarita Galaz. Su familia la acusó de manipulación y presentó una querella por homicidio y ejercicio ilegal de la medicina. Según su hermana, Fabiola fue convencida de que su enfermedad tenía origen emocional y que podía sanarse sin intervención médica. Esta decisión la habría tomado bajo la influencia directa de Galaz quien, amparada en las teorías del médico alemán Ryke Geerd Hamer, creador de la "nueva medicina germánica",y que fue condenado por fraude y vinculado a otras muertes evitables, le aseguró que podía curarse sin necesidad de quimioterapia ni cirugía. Entre los mensajes intercambiados entre Fabiola y Galaz, hay frases como: "Si vas a un hospital no te operarán sin hacerte la quimioterapia y darte morfina. Si eso es lo que quieres, es tu decisión" o "son unas estúpidas y egoístas", en referencia a sus familiares, a quienes Margarita Galaz instaba a mantenerlos alejados. La familia denunció que en su estado más crítico, Fabiola fue puesta en contacto con un supuesto médico español que reafirmó la idea de que su cáncer era consecuencia de problemas familiares, reforzando el rechazo a cualquier intervención médica. Fabiola finalmente murió lejos de su familia y con fuertes dolores al no tratar su cáncer. La hermana de Fabiola aseguró que su aislamiento fue progresivo, y que Margarita le negaba el contacto con sus seres queridos hasta en sus últimos días de vida, bajo la promesa de que “sanaría”. Finalmente, Fabiola falleció sola en noviembre del año 2024 en medio de fuertes dolores. La presidenta del Colegio Médico, Doctora Ana María Arriagada, advirtió sobre este tipo de prácticas señalando que: “Es muy importante que los pacientes sepan que aquí se juegan cosas importantísimas en su resultado de tratamiento. Estas terapias son complementarias, pero no van a sustituir necesariamente a la terapia alopática”.
El abogado de la familia, Álvaro Pérez, interpuso una querella criminal contra Margarita Galaz.“Era evidente que Fabiola iba a morir y ella seguía negándole el contacto con la familia y convenciéndola de las estupideces que intentaba convencerla” indicó. El equipo de prensa intentó contactar a Margarita Galaz por diversos medios, sin obtener respuesta. Sin embargo, según la hermana de Fabiola, su nombre ha comenzado a vincularse a otros casos similares de manipulación, lo que aumenta la preocupación sobre la falta de fiscalización de estas prácticas.

lunes, 25 de mayo de 2026

Wade Wilson, El Asesino de Deadpool

Wade Wilson es apodado como el Asesino de Deadpool porque comparte el nombre con el personaje de Marvel, fue condenado a muerte por cometer una ola de crímenes que culminó con un doble feminicidio en la misma noche de octubre de 2019. Wilson fue condenado por los asesinatos de Kristine Melton de 35 años y de Diane Ruiz de 43, a quienes "mató por matar" el 6 de octubre del año 2019. La fiscal Sara Miller calificó los crímenes de "sorprendentemente malvados y viles" y describió cómo calculó cuidadosamente las muertes de las dos mujeres a las que torturó previamente. El asesino podrá elegir entre dos métodos de ejecución: la inyección letal que es la utilizada por defecto o la muerte por electrocución. Las ejecuciones en Florida mediante inyección letal y la silla eléctrica se llevan a cabo en la cámara de ejecución de la Prisión Estatal de Florida en Raiford.
El verdugo, a quien la ley le da la posibilidad de permanecer bajo anonimato, es un ciudadano particular al que se le paga 150 dólares por ejecución. Wade Wilson se une a la lista de los 276 hombres condenados a muerte en la Institución Correccional Union, en Raiford, cerca de la ciudad de Jacksonville, Estados Unidos.
Los crímenes que cometió el "Deadpool Killer" ; El asesino de Deadpool conoció a Kristine Melton la tarde del 6 de octubre de 2019 en un bar de música en vivo y se fue con ella y su amiga Stephanie a su casa de Cape Coral (Florida). “Ella se sentía atraída por él. Él parecía sentirse atraído por ella", explicó Stephanie en el juicio. Después de que Stephanie se fue, Wilson estranguló a Kristine Melton mientras dormía en su cama y robó su vehículo. El cuerpo de la joven fue encontrado al día siguiente en el interior de la vivienda. Estaba atada y envuelta con signos de lucha procedentes de sus uñas rotas y hematomas internos y externos. Horas más tarde, utilizando el coche de Kristine Melton, atacó a Diane Ruiz, llamándola al acercarse el vehículo tras preguntarle cómo llegar a una escuela de la zona mientras ella iba caminando. Cuando la mujer, madre de dos hijos, intentó irse, Wade Wilson forcejeó con ella y la estranguló. Sin embargo, al notar que la víctima seguía con vida, la empujó fuera del vehículo antes de atropellarla hasta 20 veces. "Dijo que la sacó del auto y se dio cuenta de que todavía respiraba", afirmó el padre de Wade Wilson, a quien le confesó los asesinatos a través de llamadas telefónicas. "Dijo que volvió a subirse al auto y la atropelló hasta que pareció espagueti", agregó. El cuerpo de Diane Ruiz fue encontrado tres días después en un campo detrás de un local de las tiendas Sam's Club. "Los buitres suelen volar en círculos sobre cadáveres y animales muertos", testificó el sargento Justin DeRosso, quién fue el que la encontró. Diane Ruiz "tenía la cara morada" y "las uñas rotas", informó el fiscal adjunto Andreas Gardiner. "La encontraron en un terreno baldío bajo a unos arbustos. Tenía la nariz rota y una docena de costillas fracturadas". El asesino, que tenía entonces 25 años, condujo después hasta Fort Myers en el auto de Kristine Melton y atacó a su ex novia Melissa Montanez. En el juicio Montanez afirmó que estaba furiosa porque él se había llevado su auto la noche anterior y que simplemente quería recuperarlo.
La discusión "escaló hasta llegar a insultos, agresión e intimidación", señaló. Después, la mujer relató que Wade Wilson la golpeó y la estranguló. Además, indicó que el plan del asesino era matarla y luego quitarse la vida: "Tiene dos facetas: el Doctor Jekyll y el Señor Hyde. Puede ser el tipo más dulce que hayas conocido en tu vida, pero también es un monstruo". Minutos más tarde, Wade Wilson huyó de Florida en el coche robado y condujo hasta Ohio, donde irrumpió en la casa de Fanny y Kent Amlin, una pareja de jubilados. Finalmente, fue arrestado el 8 de octubre dentro de la casa con varias bebidas alcohólicas y fue detenido sin derecho a fianza.
La defensa argumentó durante el juicio que Wade Wilson tiene una "mente enferma" y la "enfermedad de la adicción a las drogas". En esa línea, llamado por sus abogados, el psiquiatra forense Mark Mills afirmó que Wilson padece "algún tipo de trastorno psicótico". Sin embargo, la fiscal Sara Miller dijo al jurado: "No es creíble que una enfermedad mental haya llevado al acusado a asesinar a Kristine Melton y Diane Ruiz. Estaba bajo la influencia del poder, de la lujuria, del control, del odio". "Ambos asesinatos fueron especialmente atroces y crueles. Le causó dolor y mostró una absoluta indiferencia hacia la vida de Kristine Melton". La noche en la que Diane murió, ella caminaba hacia el trabajo cuando un vehículo se paró a su lado. Un muchacho bien parecido le pidió ayuda con una serie de indicaciones y la invitó a subir. Sin embargo, ella se mostró reticente: había algo en él que le hacía desconfiar. No se equivocó. De repente, el desconocido la atacó golpeándola con fuerza y, ya en el suelo, la estranguló. Como todavía respiraba y para asegurarse que no lo reconocería, el agresor se subió de nuevo al vehículo y la atropelló una veintena de veces. Diane acabó completamente destrozada y desfigurada. Minutos más tarde, el autor de este horrible crimen llamó a su padre para confesar los hechos. “Soy un asesino”, le dijo.
Nacido de una pareja de adolescentes el 20 de mayo del año 1994 en Fort Myers (Florida), Wade Steven Wilson fue adoptado por Steve y Candace Wilson en Tallahassee, aunque años más tarde mantendría contacto asiduo con su padre biológico, Steven Testasecca. Hasta la adolescencia, nuestro protagonista era un chico de lo más normal, sin embargo, a partir de esa etapa, Wade Wilson empezó a dar muchos problemas. Por un lado, sufrió varias lesiones en la cabeza, que contribuyeron a su inestabilidad emocional. Y, por el otro, su círculo social vinculado al mundo del hampa que le llevó por el mal camino y la delincuencia. Wade Wilson perpetró robos, agresiones sexuales, secuestros, utilizó armas de fuego y cayó en la drogodependencia por el consumo de estupefacientes. Entre sus antecedentes también consta un caso de violencia de género. Su por entonces novia lo denunció por malos tratos después de que Wade la golpease y estrangulase. Sin embargo, la causa se archivó por falta de pruebas. Su primera condena de prisión fue en noviembre de 2013 y, la última, tres meses antes de los crímenes por agresión. La tarde del 7 de octubre del año 2019, Wade acudió al Buddah LIVE, un bar de Fort Myers, donde conoció a dos amigas, Stephanie Sailors y Kristine Melton. Esta última, de 25 años, se convertiría horas más tarde en su primera víctima. Pero, hasta ese momento, el trío se tomó unas copas, charló animadamente y, después de que Wade coquetease con Kristine, las jóvenes lo invitaron a su casa. Una vez en el piso, Stephanie Sailors dejó a los tortolitos en el salón y se fue a dormir. Minutos más tarde, Wade Wilson apalizó a Kristine Melton y la estranguló. Una vez muerta, el asesino cogió las llaves del coche de la chica y huyó. La noche no había hecho más que empezar para él y la cacería aún no había terminado.
Mientras conducía, Wade avistó a su próxima presa: Diane Ruiz, una camarera de 43 años y madre de dos niños, que caminaba rumbo a su trabajo en un bar próximo. Tras asaltarla, atacarla, golpearla y estrangularla, Wade optó por pasar el coche entre diez y veinte veces sobre el cuerpo de Diane para cerciorarse de que la mujer estaba muerta.
El cuerpo de Kristine Melton fue encontrado a la mañana siguiente por su compañera de piso y el de Diane, al menos tres días después, en un campo abandonado rodeada de buitres. Las autopsias de ambas mujeres determinaron que la brutalidad y la crueldad empleadas fueron desmedidas. Tras el segundo crimen, Wade condujo sin rumbo y, en un momento dado, decidió llamar por teléfono a la única persona que podría sacarle de aquel apuro. O eso pensaba él. Stephen Testasecca, su padre biológico, se quedó de piedra cuando descolgó y escuchó a su hijo decir, “soy un asesino”, mientras le relataba las barbaridades recién cometidas. Para ganar tiempo, la mujer de Stephen llamó a la policía para alertarles y, entre todos, idearon un plan para atrapar al asesino rápidamente. El padre le pidió su ubicación para enviarle un taxi y así recogerlo, pero en realidad, quienes aparecieron fueron varias patrullas de policía que se lo llevaron esposado a comisaría. Durante el interrogatorio Wade les soltó: “Volvería a hacerlo”.
Wade Wilson también contribuyó a fomentar su fama, principalmente cuando decidió cambiar su imagen y tatuarse la cara. En ella tiene dibujadas dos esvásticas, una debajo del ojo derecho y otra en el costado de la cabeza, aparte de unos puntos de sutura alrededor de la boca, lo que le otorga un aspecto de lo más tétrico.

lunes, 27 de abril de 2026

El Famoso Caso de los Hermanos Menendez, Acribillaron a sus Padres Tras Abusos Sexuales

Más de 35 años después del asesinato a tiros de José y Kitty Menéndez en su casa de Beverly Hills, y tras un sonado proceso contra sus hijos Lyle y Erik, que entonces tenían 21 y 18 años. Los hermanos fueron finalmente condenados por los asesinatos y admitieron los hechos, pero argumentaron que lo hicieron en defensa propia tras sufrir años de abuso sexual por parte de su padre Jose Menendez.
Agosto de 1989: José Menéndez, ejecutivo de RCA Records, y su esposa Kitty Menéndez, fueron asesinados a tiros con escopeta en su mansión de Beverly Hills. Lyle llamó al 911 y dijo: “Alguien mató a mis padres”. Marzo de 1990: La Policía arresta a Lyle Menendez y Erik se entrega días después tras haber estado en Israel, tras confesarse con su terapeuta. Se les acusa de asesinato en primer grado. Julio de 1993: Los hermanos Menéndez fueron a juicio en un tribunal de Los Ángeles, cada uno con un jurado independiente, en un juicio televisado por Court TV. La fiscalía argumentó que asesinaron a sus padres para obtener un beneficio económico. La defensa de los hermanos admitió haber asesinado a sus padres, pero argumentó que actuaron en defensa propia tras años de abuso emocional, psicológico y sexual por parte de su padre. Enero de 1994: Ambos jurados llegan a un punto muerto y no pueden llegar a un veredicto. Octubre de 1995: Comienza un nuevo juicio contra los hermanos, con un solo jurado. En esta ocasión, se excluyen gran parte de las pruebas de la defensa sobre abuso sexual, según los abogados defensores. Marzo de 1996: El jurado condena a ambos hermanos por asesinato en primer grado. Julio de 1996: Los hermanos son condenados a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Los abogados de los hermanos Menéndez presentaron un recurso de habeas corpus solicitando al tribunal que reconsidere la condena y la sentencia a la luz de nuevas pruebas presentadas por el miembro de la banda Menudo y de una carta que Erik escribió sobre el abuso previo a los asesinatos. Los abogados solicitan al tribunal que anule la condena y la sentencia de los hermanos o que permita la presentación de pruebas y una audiencia probatoria en la que puedan aportar pruebas, según el documento. La oficina del fiscal de distrito del condado de Los Ángeles dice que está revisando la petición. Septiembre de 2024 : Netflix lanza el drama criminal “Monsters: The Lyle and Erik Menendez Story”, una serie de nueve episodios cocreada por Ryan Murphy e Ian Brennan sobre los asesinatos. 5 de octubre de 2024 : Gascón, el fiscal de distrito del condado de Los Ángeles, le dice a Jim Acosta de CNN que “estaba cada vez más preocupado de que fuera fundamental que revisáramos la nueva evidencia” presentada por la defensa. Señaló que los tiempos han cambiado en cuanto a cómo el público y los tribunales tratan a las víctimas de abuso sexual. “Sin duda, nuestra sensibilidad ante la agresión sexual es mucho mayor hoy en día”, dijo. “Está claramente establecido que tanto hombres como mujeres, o niños y niñas, pueden ser agredidos sexualmente. Creo que hace 35 años las normas culturales eran un poco diferentes… Sin duda, un jurado hoy analizaría este caso de forma muy distinta a como lo hizo un jurado hace 35 años”.
Los asesinatos ocurrieron el 20 de agosto de 1989, en la mansión de la familia, en el 722 de North Drive Elm en Beverly Hills. José y Kitty estaban cansados aquella tarde de verano debido a que la familia había salido a pescar tiburones en un yate alquilado, llamado Motion Picture Marine, hasta la medianoche del día anterior. Tanto Lyle como Erik habían salido esa noche; entonces José y Kitty se retiraron al estudio para ver la película de James Bond, La espía que me amó. Los vecinos reportaron más tarde haber escuchado algo que sonaba como fuegos artificiales alrededor de las 22:00, pero no le dieron mayor importancia. En realidad se trataban de los disparos. José recibió los disparos a quemarropa en la parte posterior de la cabeza arrancandole parte de ella, con una escopeta Mossberg calibre 12. Kitty, que estaba durmiendo, se despertó por los disparos, salió del sofa, pero recibió un disparo en una pierna. A continuación, se resbaló en su propia sangre y cayó, recibiendo varios disparos en el brazo, el pecho y la cara, dejándola irreconocible. Tanto a José como a Kitty les dispararon luego en las rodillas en un intento de hacer parecer el crimen como algo relacionado con la mafia. Los hermanos se marcharon del lugar, arrojaron sus escopetas en Mulholland Drive y compraron entradas en una sala de cine local para ver la película, Licencia para matar, para utilizar el hecho como coartada. A las 23:47, cuando los hermanos regresaron a casa, Lyle llamó al 911 y gritó: «¡Alguien mató a mis padres!». La Policía consideró sospechosos a los hermanos de inmediato, pero no tenían pistas. Durante el juicio, Erik dijo que vio un cartucho de escopeta que había quedado en el suelo y lo quitó cuando el policía que hablaba con él miró hacia otro lado. La seguridad en la casa había sido siempre de alto nivel. La mansión de estilo mediterráneo había sido alquilada antes a celebridades de la talla de Prince y Elton John. José salía frecuentemente dejando el sistema de alarma apagado y las puertas abiertas, incluso después de que su Mercedes-Benz 560SEL fuese robado de la entrada frontal semicircular de la casa, apenas unas semanas antes de los asesinatos. Kitty, por otro lado, parecía nerviosa en el período previo a los asesinatos; constantemente bloqueaba la puerta de su dormitorio por la noche y mantenía un rifle en su armario. Kitty mencionó a su psiquiatra, un par de semanas antes de los asesinatos, que tenía miedo de que sus hijos pudieran ser sociópatas.
En los meses posteriores a los asesinatos, los hermanos llevaron una vida de derroche de dinero, lo que aumentó las sospechas de los investigadores sobre su participación en la muerte de sus padres. Lyle compró un costoso reloj Rolex, un Porsche 911 y el Chuck's Spring Street Cafe, un restaurante de buffalo wings en Princeton. Erik también contrató a un entrenador de tenis a tiempo completo y compitió en una serie de torneos como profesional en Israel. Dejaron la mansión de North Elm Drive y se mudaron a dos áticos de lujo separados en Marina del Rey. Viajaron alrededor de Los Ángeles en el Mercedes-Benz SL descapotable de su difunta madre, se alimentaban de comidas caras y se fueron de viaje al extranjero, visitando el Caribe y Londres. La fiscalía alegó posteriormente que los hermanos gastaron alrededor de un millón de dólares en los primeros seis meses como huérfanos. Erik confesó los asesinatos a su psiquiatra, quien, después de haber sido amenazado por Lyle si los delataba, acudió a la Policía. Para evitarse más problemas, terminó contándolo todo (una de las excepciones a la confidencialidad entre médico y paciente se produce cuando el paciente pone en peligro al terapeuta, o un tercero en general). El 8 de diciembre de 1992, el gran jurado del condado de Los Ángeles acusó a los hermanos Menéndez de haber asesinado a sus padres.
Los hermanos Menéndez y el asesinato de sus padres se convirtieron en una sensación nacional norteamericana cuando Court TV difundió el juicio en 1993. La abogada defensora del hermano menor, Leslie Abramson, saltó a la fama por su defensa, alegando que los hermanos vivieron una vida de abusos sexuales de sus padres, incluido el abuso sexual de su padre, José. A pesar de la teoría de la defensa, los registros de antecedentes penales de los hermanos contrariaba esa teoría de «escape de abuso parental». El juicio terminó con dos jurados en punto muerto aunque los hermanos fueron juzgados juntos, cada uno tenía un jurado independiente. El fiscal del distrito de Los Ángeles, Gil Garcetti, anunció de inmediato que el juicio a los hermanos se volvería a intentar. El segundo intento fue un poco menos conocido, en parte porque el juez, Stanley Weisberg, se negó a permitir que las cámaras entraran en la sala del tribunal.
Ambos hermanos fueron declarados culpables de dos cargos de asesinato en primer grado y conspiración para cometer asesinato. En la fase de sentencia del juicio, el jurado no apoyaba la pena de muerte para los hermanos, pues las recomendaciones apuntaban a una vida en la cárcel. El jurado dijo más tarde que la consideración de abuso expuesta por la defensa nunca fue un factor en sus deliberaciones y que el jurado rechazó la pena de muerte porque ninguno de los hermanos tenía antecedentes penales ni una historia de violencia. A diferencia de los ensayos previos, el jurado rechazó por unanimidad la teoría de la defensa de que los hermanos mataran a sus padres por miedo, considerando más bien que los asesinatos fueron cometidos con la intención de hacerse con el control de la considerable riqueza de sus padres. El 2 de julio de 1996, Weisberg condenó a Lyle y Erik Menéndez a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. El juez Weisberg condenó a los hermanos a sentencias consecutivas por los asesinatos y el cargo de conspiración para cometer asesinato. El 10 de septiembre de 1996, el Departamento de Correccionales de California separó a los hermanos Menéndez, enviándolos a cárceles diferentes. Ambos fueron clasificados como presos de máxima seguridad y fueron a su vez separados de los otros.
El 27 de febrero de 1998, la Corte de Apelaciones de California confirmó las condenas por asesinato y, el 28 de mayo de 1998, la Corte Suprema de California votó a favor de mantener las condenas de asesinato y condena de cadena perpetua sin libertad condicional; ninguno de los jueces de la Corte Suprema votó por revisar el caso. Cabe destacar que durante la fase de sentencia del juicio por asesinato en el caso de Erik y Lyle Menéndez, la abogada de la defensa, Leslie Abramson, habría ordenado a un testigo de la defensa, el doctor William Vicary, alterar sus notas. Leslie Abramson no se enfrentó a una investigación criminal y la oficina del fiscal de distrito decidió que no iba a investigar la infracción. Los dos hermanos interpusieron recursos de anulación del juicio, alegando que sufrieron irreparables daños en la fase de sentencia, como resultado de las sugerencias de posible mala conducta y representación de Abramson.
El 19 de septiembre de 2024, Netflix estrenó Monsters: The Lyle and Erik Menéndez Story, la segunda temporada de la serie antológica Monster de Ryan Murphy, después de Dahmer – Monster: The Jeffrey Dahmer Story (2022). Cooper Koch y Nicholas Chavez fueron elegidos para interpretar a Erik y Lyle, respectivamente, mientras que Javier Bardem y Chloë Sevigny interpretarán a José y Kitty. Su primer avance se lanzó en el 35 aniversario de la muerte de José y Kitty.

lunes, 30 de marzo de 2026

El Depredador de Sevilla, Manuel Blanco Vela, Un Lobo Para Ingenuas

Este aterrador caso envuelto en indignación y horror reúne los condicionantes típicos de todo lo que un lobo acechador de ingenuas estudiantes puede tener. Posición de fachada a través de trabajo,empleo o función social, acecho, intoxicación y sumisión, y finalmente agresión, violación e incluso el acto homicida. Es aberrante tener conocimiento de que tipos como Manuel Blanco Vela, alias Manu White , haya estado o esté haciendo, pululando impunemente por áreas de ocio estudiantil con toda ésta ristra distintiva en su haber, un perfil puramente manipulador en las que somete a sus presas con la apariencia de alguien en el que poder confiar porque es el guía turístico de las excursiones que las ingenuas estudiantes y turistas depositaron. Un patrón que continúa después con el acecho, la intoxicación etílica y química apoyándose en el alcohol y en sustancias psicoactivas como por ejemplo la escopolamina y el burundanga, tener la sumision de la victima y agredir sexualmente, violar e incluso impulsar actos homicidas.
Manuel Blanco Vela,es un agresor sexual que durante años operó bajo la amable fachada de "Manu White", exdirector de la agencia Discover Excursions en Sevilla, que atraía a ingenuas estudiantes estadounidenses que recalaban en la capital hispalense para que perfeccionaran el español mientras disfrutaban del sol, la fiesta y la cultura. Unos atractivos que terminaban siendo una auténtica pesadilla. El detonante mediático del caso llegó con la denuncia de Gabrielle Vega de apenas 19 años, una joven que viajó a España para perfeccionar el idioma español pero su experiencia se truncó durante una excursión a Tánger, Marruecos. Tras unos años de silencio y culpabilidad, Vega finalmente hizo público su testimonio en la cadena estadounidense NBC,en un programa presentado por Megan Kelly, lo que provocó un efecto dominó sin precedentes porque después decenas de mujeres que no se conocían entre sí, comenzaron a reportar experiencias idénticas ante las autoridades norteamericanas y las embajadas. Todas apuntaban un mismo modus operandi y un hombre, el autodenominado "príncipe de Sevilla".
Las investigaciones detallan ese modus operandi basado en la manipulación.Manuel Blanco Vela promocionaba su agencia en redes sociales y lugares frecuentados por universitarios norteamericanos, ganándose la confianza con un trato cercano. Sin embargo detrás de esta hospitalidad se escondía un patrón recurrente: la organización de fiestas donde el suministro masivo de alcohol era la norma básica, aprovechando que muchas de las víctimas, menores de 21 años, carecían de tolerancia a la bebida por las leyes en su país de origen.
A través de grupos de WhatsApp y redes sociales, las estudiantes se fueron advirtiendo y alertando unas a otras sobre "Manu White", calificándolo de "asqueroso". Incluso la Embajada de EEUU en Madrid llegó a emitir una alerta de seguridad formal para la población universitaria en España, informando sobre las investigaciones por violación y abusos sexuales que pesaban sobre el empresario sevillano. El caso de Manuel Blanco no solo se asienta sobre las agresiones sexuales denunciadas por víctimas como Carly Van Ostenbridge y Hayley McAleese, sino que está marcado por la tragedia de Lauren Bajorek. La joven de 21 años falleció en julio de 2015 al precipitarse desde la terraza del piso de Blanco en la Plaza del Juncal. Aunque la investigación sobre su muerte no se reabrió como homicidio, el empresario fue condenado como responsable civil.
La autopsia de Bajorek reveló una tasa de alcohol de 2,99 gramos por litro de sangre, una cantidad que la situaba al borde del coma etílico. Mientras tanto, Manuel Blanco arrojó un resultado de 0,0 en las pruebas de alcoholemia practicadas la noche del accidente. Este contraste ha sido fundamental para las familias de las víctimas al denunciar cómo el guía turístico mantenía el control absoluto mientras sometía a las jóvenes y quedaban indefensas bajo los efectos de sustancias suministradas en el alcohol en su presencia. Se debió de haber investigado si el cuerpo de Lauren Bajorek apareció a una distancia superior a los dos metros de la pared del edificio porque esta es la longitud que determina si un cuerpo humano fue impulsado de forma homicida a una altura de diez plantas de altitud.
Manuel Blanco Vela cumple una condena de nueve años de prisión por la agresión sexual a tres estudiantes. Sin embargo, la sombra de su actividad se extiende mucho más allá de las sentencias firmes. El dossier presentado por la familia de Bajorek ante el Juzgado de Instrucción número 14 de Sevilla incluye capturas de pantalla donde la propia Lauren Bajorek, días antes de morir, pedía cautela al tratar con él, describiendo su comportamiento como "weird" (extraño).
Este caso también sirve como una advertencia sobre los mecanismos de depredación que se ocultan tras los negocios aparentemente legítimos en el sector del turismo estudiantil, religiosos, deportivos o de docencia educativa.